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Hola! Soy 

LAURA AGUDELO

Te comparto un poco de mi vida y mi recorrido para que me conozcas más. 

Quién soy

Colombiana de nacimiento y mexicana de corazón

Cocinar y comer con gusto hacen parte de mi día a día. Lo reconozco y lo agradezco como el privilegio que eso significa en estos tiempos acelerados, cortos y excéntricos.

La vida eligió para mí Valle de Bravo para sanar y renacer, con la piel al sol y los pies desnudos, en un suelo que pasa del polvo al lodo, inmersa en un bosque que es bruma y luego cruje, y que siempre, siempre canta. 

Ya que no tengo hijos me materno con dedicación y entrega, y así procuro cuidar a los demás. Aspiro, entre otras cosas, a que todos los seres pudieran encontrar en su cuerpo el refugio más seguro, el hogar más a gusto. He entendido en estos últimos años que mi mente, mi cuerpo y la salud que le puedo proveer, son el tesoro más valioso que tengo. 

 

 ¿Quieres saber más sobre quién soy? Tengo un blog sobre mi historia

LEE EL BLOG

Es tiempo de cuidar de nosotras mismas,

de cuidar a los demás, al territorio que habitamos 

y, en última instancia, a la biosfera que transformamos con nuestras acciones de consumo.

Síntesis de mi recorrido académico y profesional

Me licencié como bióloga en Colombia y trabajé un tiempo con las aves como eje, principalmente en ecología urbana, impacto y educación ambiental. Luego me enfrasqué en proyectos de ordenamiento territorial con la restauración ecológica como único y verdadero impacto. La combinación y falta de límites entre mi vida profesional y personal en un momento difícil de la vida, me drenó emocional y mentalmente. Opté entonces por salir de Colombia y estudiar una maestría en proyectos socioambientales, en la Universidad del Medio Ambiente de Valle de Bravo. Allí conocí gente muy inspiradora y unas aproximaciones metodológicas interesantes. Sin embargo, lo más valioso del proceso fue el acompañamiento para descubrir que la verdadera fuente de entusiasmo para este momento de mi vida, se hallaba en los fogones, las tablas de picar, el lavaplatos y las pláticas y risas al pie de una olla hirviendo. En el complejo mandala del acto de nutrir, me he reencontrado con mi mente-corazón. 

Alquimia en la cocina

Aquí en México, en la subcuenca Amanalco-Valle de Bravo he aprendido que tener hoy una milpa diversa significa un acto de resistencia y re-existencia, nada fácil atravesar años de empobrecimiento del suelo y apostarle a la transición agroecológica en medio de los monocultivos industriales de papa y zanahoria. Al calor de los comales, el pulque y las tortillas que no se cuentan, he conversado con varias mujeres acerca de lo que significa en este tiempo la dignidad campesina y la heredabilidad de las tradiciones.

Las tierras de cultivo en diferentes paisajes y los frutos que se transforman en alimento en los fogones, han sido los escenarios por los cuales me he movido en los últimos años. Eso denominado “socioecosistemas” tiene, a mi juicio, su gran epítome, en las cocinas. Y allí es donde he saciado inquietudes académicas, profesionales y, sobre todo, existenciales. Me mueve una fuerte curiosidad por las comidas del día a día, por las cocinas vernáculas.

Aquí en Valle de Bravo, en Acatitlán, aterricé en casa de Esperanza Estrada y Silvano Aguilar, dos lugareños de toda la vida en este territorio. Me abrieron las puertas de su casa para probar por primera vez el pulque –aunque en Colombia crecen agaves, no existe el saber del pulque–, a comerlo en el pan recién horneado, a tratar de aprender a hacer tortillas, tamales, mole, pozole y a ser testigo de la rápida transformación del territorio y las dietas.